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La presencia de los Seres vivos en el planeta ha sido objeto de
estudios de ciencias como la Antropología, la Paleontología, la
Arqueología, la Historiografía, etc., los cuales han arrojado una
serie de tesis, que aun hoy día buscan de la comprobación. Lo
cierto es que en nuestra memoria ancestral y a través de los
relatos orales, la mitología, las tradiciones y de las Escuelas
Herméticas, el origen del Ser Humano y sus diversos procesos
ius-bio-psico-sociales, en tiempo y espacio, ya tienen
respuestas. Entre estos estudios ha llamado poderosamente la
atención la posición mágico-religiosa y social de la
representación femenina humana.
Recurriendo al análisis de la Mitología, siendo esta un relato del
sánsara de la vida, narrada bajo las formas literarias del símil y la
metáfora, con un lenguaje simbólico, que permiten analizar los
fenómenos de la vida diaria, nos encontramos, con todo un
bagaje mitológico de las Mujeres y las Diosas, inmerso en
grandes símbolos arquetípicos, que nos van indicando
significados muy ocultos. Así por ejemplo, la luz solar es YANG,
masculina, agresiva, violenta, dadora y apasionada, en tanto que
la luz de la Luna es YIN suave, tierna, receptiva y amorosa.
Yéndonos por la vía Historiográfica, podemos observar que
desde un principio, la DIOSA fue reconocida como la fuerza
espiritual primigenia de la tierra, en paralelo a la existencia de un
DIOS, protector y dador de buena caza y pesca, como símbolos
mágicos-religiosos, ocultos y difíciles de describir en el lenguaje
temporal, en la cosmogonía mental de los seres asexuados
hombre/mujer del paleolítico, quienes dependían de la cacería
para sobrevivir, se abrigaban si podían conseguir pieles para
protegerse y si hallaban huesos podían construir armas y
herramientas de trabajo que les facilitara sus cometidos. Para
ellos la naturaleza les resultaba abrumadora, sentían respeto y
tenían temor. Eran tiempos donde la lucha por la sobre-vivencia
era responsabilidad individual y de todos por igual, si importar
sexo, raza o credo.

















Y es aquí donde la Magia Simpatética cobró importancia.
En ese mundo primigenio de las cavernas, la mujer fue cobrando
gran importancia. Era evidente que ella producía el milagro de la
reproducción de la especie humana a quienes generaba por sí
misma dentro de su cuerpo. Esto era aceptado por la evidencia
cierta de ver al recién nacido salir de sus entrañas atado a ella
por medio del cordón umbilical, aunado a ello, era la mujer la que
poseía la leche y amamantaba. Los hombres se maravillaron de
este prodigio concientes que una vez ellos igualmente sintieron
este calor y protección del pecho de la madre.
A lo anterior, se sumó el hecho de que el hombre/mujer, aprendió
a cultivar y almacenar para el invierno, de tal forma que el Dios
dador de la buena caza, se comenzó a verse más como un Dios
de la naturaleza y de la muerte, mientras que la Diosa tomó
relevancia como Diosa de la fertilidad y de la Vida, convirtiéndose
en la Diosa de la reencarnación, ya para ese entonces el
hombre/mujer había desarrollado la idea de la vida después de la
muerte.



















La mujer se transformó en el centro de la adoración y protección
de sus hijos y por ende de la comunidad tribal. El pensamiento
mágico-religioso desarrolló diferentes rituales para la fertilidad y
para ello desarrolló una iconografía, representada en la pintura
rupestre encontrada en las cuevas y esculturas donde se exalta
los caracteres femeninos y la maternidad. Igualmente organizó un
sacerdocio, donde hombre/mujer tenían los mismos derechos a
ejercer el liderazgo del ritual mágico-religioso.



Como testigo histórico de lo aquí informado, tenemos alrededor
de treinta mil estatuillas de figuras de la mujer-diosa, las cuales
se pueden ver en los diferentes museos del mundo. Ejemplo. La
Venus de Willendorf, elaborada en piedra caliza con una data
entre 25.000 a 20.000 años antes de Cristo, y se encuentra en el
Museo Natural de Viena, en Austria.
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Las Diosas son las
madres, las doncellas  
inmaculadas, las que
conceden todo aquello
que es benéfico a la
humanidad siempre en
pro del bien común,
cuando es tiempo de
paz y hay armonía entre
los hombres. Pero
cuando son tiempos de
 guerra; de llanto; de
crujir de dientes y
destrucción, a ellas se
puede recurrir
implorando con fervor
su ayuda, que
inmediatamente van a
acudir a salvar la tierra
y con ella la
humanidad..

Este saber es el que ha
hecho crecer en la
conciencia y el mundo
mágico-religioso de la
mujer y del hombre
mismo, en el mundo
occidental, la Fe y la
firme creencia en las
Diosas y Vírgenes que
conforman el mismo.

Pero la GRAN DIOSA no
es solo una divinidad;
ella es fascinación, es
unificación de una
multiplicidad, una  
unidad nacida de lo
visible y trascendente.
En Sumeria, la Gran Diosa estuvo representada en la religión por
la diosa Belili que luego fue Inana, difundiéndose su culto por
toda Mesopotamia, actualmente la república de Irak, llegando
hasta la costa mediterránea. En Egipto reinó la diosa Isis, en
Babilonia se llamó Ishtar, en Siria se le conoció como Astarté, en
Grecia como Afrodita y en Roma como Venus; hasta en Israel se
han encontrado estatuillas de la Diosa y se llamaba Astaroth o
Shekinab, a esta última, Salomón le dedico un templo.
En conclusión, podemos asegurar que el culto a la diosa
paleolítica, que luego se convirtió en la religión de la Gran Diosa,
se inicio hace más de treinta mil años antes de Cristo y estuvo
vigente hasta los mismo comienzos del cristianismo. Pese a los
esfuerzos de los patriarcas (cuya presencia histórica no supera a
los cinco mil años antes de Cristo), quienes hicieron todo por
anularla, alterando el Génesis (la Gran Enciclopedia Atlante), allí,
se dedicaron a negar que la comunidad primitiva fue matriarcal,
generado por la realidad cierta de que las nuevas generaciones
existían gracias a las mujeres, cuyo embarazo era un misterio
porque nada se sabía entre la asociación del coito y la
procreación.



La idea de Dios-Padre único, que tuvo su germen en la cultura
judío-cristiana, cobró fuerza con el nacimiento del Maestro Jesús,
a pesar de que el Maestro dio gran importancia a la mujer, ya
que en paralelo a la presencia de los doce apóstoles, estuvo la
presencia de igual numero de mujeres a quienes les dio la
enseñanza sin discriminación alguna.
Este concepto de Dios-masculino se fortaleció en las doctrinas
del gnosticismo, en las de la iglesia romana, en las del
protestantismo y en las de todas las iglesias cristianas
fundamentalistas de la actualidad, discriminando la esencia
divina en la Mujer.
Indiscutiblemente y a través de la historia podemos ver que el
concepto de lo femenino ha estado rodeado de gran cantidad de
tabúes, y sujeto a unos patrones y comportamientos
determinados, según los cuales, la mujer “debe” quedar bien
con la sociedad, con su familia y con la familia de su pareja. Y
ello ha conllevado a que la mujer durante todos los tiempos de la
era cristiana y en la actual, haya aprendido a denigrarse, a
sentirse inferior y menospreciada, recurriendo al trabajo y a las
múltiples ocupaciones del hogar para aparentar no sentirse
afectada.






























Hoy por hoy, y pese a todos los esfuerzos, vemos que la mujer
no encuentra aprobación social o que, aunque mucho se
esfuerce, no encuentra sustitutos del consuelo y calor materno,
necesidades básicas a cubrir para su autoestima, por ello es y
será presa fácil de caer en los vicios y los excesos, que van
desde dejarse manipular, hartarse de comida, pasar horas
hablando por teléfono a sus amigas, consumir alcohol o drogas,
hasta la promiscuidad y libertinaje sexual, orillada por la
necesidad de comprensión que como todo ser humano requiere.
Todas estas situaciones ha conllevado a la mujer ha situaciones
forzosas y desnaturalizadas, desintegrándola en su esencia
divina, fisiológica emocional y mental, en su afán de buscar
medios de supervivencia en la megalópolis del mundo.
La gran violencia tanto sicológica como física y la discriminación
contra las mujeres y las niñas en todas las culturas, credos y
razas nos debe llamar la atención. Aunado a ello la destrucción y
la contaminación toxica del planeta y la naturaleza, hace que
volquemos la mirada hacia ese reconocimiento del PODER
TRANSMUTADOR YIN de la Diosa o Shekinab, y que se
encuentra en la esencia de nuestro YO SUPERIOR, la cual nos
presenta  alternativas para solucionar el infierno que hemos
creado.
Para que la mujer, en general pueda tener una correcta
autoestima, debe renunciar a la necesidad de tener la imagen
“perfecta” que la sociedad le exige, debe renunciar a los falsos
modelos que la rodean, para poder apreciarse en su esencia y
percibirse como lo que es, el ser más importante sobre la Tierra,
y debe hacerlo ella misma; sólo así podrá lograr ese narcisismo
saludable que la ubicará en un plano verdadero, distinto del que
está viviendo generado por los condicionamientos socio
culturales.
Para nuestro estudio, debemos tener presente que, ser mujer
implica: LA EXISTENCIA DE UNA PSICOLOGÍA ARRAIGADA EN
LA FISIOLOGÍA DEL CUERPO FEMENINO, Esto implica una
mentalidad receptiva, intuitiva y mágica, que debemos
redescubrir en nosotras para alcanzar la fuerza de la pantera,
que hábil e intuitivamente sabe todos los pasos que hay que dar,
en la oscura noche de sus fantasías.
Debido a la gran
mortalidad, las
tribus para
asegurarse los
números de
participantes y
proveedores
dieron una gran
importancia a la
reproducción
hombre/mujer.
Cronológicamente podemos decir que nueve mil
años antes de Cristo, la adoración a la Mujer-Diosa
ya existía como una religión formal. El Antiguo
Testamento fue escrito basándose en las antiguas
tradiciones matriarcales de la Antigua Religión y
que a toda costa la religión judía ha pretendido
eliminar, sin mucho éxito, ya que, cuando
ahondas en los fundamentos referenciales
encuentras las relaciones a los antiguos cultos
donde se adoraba a la Gran Diosa.
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